De la pagina anterior: Una vez cargado de energías, volvió a la aldea que ya había despertado casi en su totalidad. Solo los más pequeños tenían el privilegio de continuar si podían en el mundo de los sueños. El resto de personas habían empezado ya sus quehaceres cotidianos. Todos tenían una importante labor que desempeñar. Osagboro acompañaba en muchas ocasiones a su hermano mayor, Melku, para ayudarle en la tarea que tenía encomendada. La verdad es que para el pequeño Hamer era como un juego. Se subían en aquella especie de pequeño andamio hecho con ramas gruesas y con sus hondas lanzaban piedras a todo animal alado que se atreviese a posarse sobre el cultivo. No podían permitirse que se llevaran el más mínimo grano de maíz. De ahí que tuvieran desarrollada una fantástica puntería con su simple arma. Tenían momentos en los que hablaban de todo tipo de cosas. Sobretodo a Melku le gustaba meterse con su hermano pequeño.

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-Y qué, ¿cómo va con tu novia? - le dijo, intentando aguantar su risa, ya que conocía su reacción ante esa pregunta.

- Ya te he dicho que no tengo novia. Desta es solo mi amiga. Nos lo pasamos bien, pero ella no... no me gusta. Las niñas son un rollo y, además, yo sólo tengo doce años.

Las palabras de Osagboro no sonaron muy convincentes, como tampoco lo fue que no supiera dónde mirar mientras hablaba. Melku no pudo aguantar la risa. Aun así le habló con tono de complicidad.

- Pero si ella es muy guapa. ¿O me vas a decir que no lo es?

En ese momento se sintió acorralado, ya que la respuesta era bastante evidente.

- Bueno... guapa sí es. Pero otra cosa es que me guste.

Su hermano volvió a reírse, le golpeó con suavidad en su nuca y se levantó rápidamente.

- Estás tan enamorado que hasta se te ha escapado el pájaro que se está comiendo nuestra comida. ¡Baja de la nube de Desta! ¡Jajajaja!

Melku cogió una de las piedras que habían recogido del suelo y con una velocidad increíble, la colocó en la honda y la lanzó con gran destreza. Osagboro casi no pudo responder a su hermano al verlo moverse así.

- Yo no estoy en ninguna nube... ¿Cómo has hecho eso? ¿Me enseñas?

Sin darse cuenta había evitado seguir hablando del tema. Melku sonrió, acarició la cabeza de su hermano y le enseño sus trucos para hacer lanzamientos rápidos. Pasaron así casi todo el día, entre bromas y risas.

Acabada la jornada, Osagboro estaba deseando cenar algo e ir a visitar a su amigo el moara. Le fascinaba escuchar sus historias, sobretodo cuando hablaba de sus visiones del pasado o del futuro, de los espíritus y tantas cosas mágicas como había vivido y en ocasiones seguía viendo. Casi ni masticó la comida. Como cada noche, la madre de Osagboro, B rhina, tuvo que protestar por las prisas que tenía siempre a esas horas.

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Relato Inspirado en el Modelo de Certificado de Participación

Autor: Chus Rama Ropero -

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